El municipio de Aldeadávila de la Ribera, con un altitud media de 750 metros presenta en la zona de Las Arribes del Duero un profundo encajonamiento de la red fluvial que se puede admirar desde cualquiera de sus muchos balcones naturales.
Desde el Mirador de Rupurupay tendremos una perspectiva impresionante del río Duero antes de encajonarse entre las paredes de granito camino de tierras portuguesas que se acompañan de la vegetación más característica de la zona.
La tierras próximas a las corrientes de agua, más agrestes e inaccesibles, junto con el buen hacer de sus habitantes, han permitido conservar una biodiversidad ya extinguida en el resto de Europa.
Cómo llegar
Para ir hasta el Mirador de Rupurupay debemos tomar una pista agrícola que parte de la Ermita de la Santa, en Aldeadávila de la Ribera.
Nada más pasar esta, a nuestra derecha vemos el cartel que indica "Rupitín, Rupurupay y Lastrón". El estado del firme es irregular debido a las lluvias caídas propias de la estación en la que nos encontramos por lo que es conveniente circular con precaución.
Tras avanzar unos 500 metros aproximadamente en un cruce, un cartel señala Rupitín y Lastrón hacia la izquierda, y, Rupurupay, a la derecha.
Seguimos durante unos metros más, pero algo cansados de estos caminos decidimos dejar el coche estacionado en una zona donde no obstruyera la circulación y continuamos andando. Sin embargo, se puede llegar perfectamente con el vehículo hasta una explanada a modo de parking en el tramo final que desciende de forma más pronunciada.
Desde aquí solo resta caminar unos 100 metros para llegar hasta el mirador.
Si se desea llegar hasta la cascada del Remolín, cuyo rumor se hace sentir en este punto, de aquí parte otra senda bien señalizada con balizas blancas y verdes que lleva hasta ella.
Nosotros, en vista de que empezaba a oscurecer optamos por regresar por el mismo trayecto al punto donde habíamos dejado el coche.
El nuevo Mirador del Fraile, denominado así por encontrarse muy cerca del antiguo mirador, es una plataforma de acero corten de casi 15 metros, obra de los arquitectos Brigitte y Daniel Hollegha. Se ha elegido este material por su gran capacidad estructural y autoprotección frente a la corrosión. Su color se integra bien en el paisaje y el contraste con las rocas de granito dibuja una sugerente silueta contra el cielo.
La plataforma se apoya sutilmente en la monolítica formación rocosa llamada "Silla del Fraile", y justo en el extremo, una abertura en el suelo nos permite ver el abismo que se encuentra a 300 metros bajo nuestros pies, donde el río Duero avanza marcando distancias entre España y Portugal.
Cómo llegar
Para llegar al punto de estacionamiento del Mirador del Picón de Felipe debemos dirigirnos en dirección a Aldeadávila de la Ribera por la carretera que lleva hasta la presa.
Tras dejar atrás el desvío que conduce al Poblado de La Verde, antes de llegar a la central eléctrica un camino señalizado nos conducirá hasta el área recreativa de Llano de la Bodega, donde podremos dejar el vehículo.
Actualmente, debido al mal estado de la carretera hay que bajar andando 1.2 km por la discreta pendiente hasta llegar al mirador.
La Presa y Central de Aldeadávila de la Ribera
Un fuerte desnivel, elevados caudales y un proyecto técnico ambicioso, hacen de esta estructura la obra cumbre de la construcción de los saltos del Duero cuyas primeras gestiones se iniciaron en el lejano año 1903.
estamos en el punto más alto del Parque Natural para contemplar el Duero desde la verticalidad del granito. Desde estas alturas se aprecia muy bien la tremenda fuerza que debe resistir la presa del embalse, y se valora mejor este admirable ejemplo de aplicación de las matemáticas y la física, que aprovechó con inteligencia la dureza de los roqueros y es estrechamiento del cauce en este tramo.
En el corazón de las peñas de la izquierda se transforma la fuerza del río en electricidad, convirtiendo a esta central en la mayor productora de energía hidroeléctrica de España y una de las más importantes de Europa.
Situado al suroeste de la provincia de Amoratadme, en pleno corazón del Parque Natural Arribes de Duero, Fermoselle, es una preciosa y pintoresca villa que enamora por las indudables cualidades arquitectónicas de su Casco Histórico y su cautivadora belleza paisajística.
Para saber más...
»Por Fermoselle discurre uno de los caminos jacobeos de Poniente, el Camino de Fermoselle.
»Se encuentra a 600 m. sobre el nivel del mar y el punto más bajo está a 327 m.
»Fermoselle es de origen celta con mezcla de Lusitanos, Romanos, Visigodos, Árabes...
»Considerado como centro de los Arribes, destacan sus estrechas y empinadas calles, además de las bodegas excavadas en rocas con arcos de medio punto.
»En él se disfruta de un microclima especial que favorece el cultivo de vid y olico, que destacan en su paisaje.
»El vino y el aceite de la villa tienen una excelente fama debido a su calidad.
»Los Arribes cuentan con una colonia muy importante de cigüeña negra.
»Fermoselle posee un Cristo articulado del siglo XVII y un órgano del XVIII.
»Desde el Castillo de Fermoselle, el obispo Acuña afianzó su rebeldía en la guerra de las comunidades contra el Emperador Carlos I.
»Durante la fiesta de San Agustín, debido a sus famosos encierros, su población habitual llega a cuadruplicarse.
Miradores de la Villa
En Fermoselle hay varios miradores desde los que se obtienen las mejores vistas del Duero y de los Arribes.
Mirador del Torrejón o de El Torojón
Nos dirigimos por la calle Torrejón hasta unas pequeñas y estrechas escaleras talladas en un saliente de la roca granítica que sustenta esta villa. Al final de las mismas llegamos a una pequeña explanada donde un cartel forjado en hierro nos anuncia que estamos en el mirador más conocido y emblemático de Fermoselle.
Desde aquí podemos abarcar de un solo plumazo el núcleo urbano y el paisaje de mayor valor del entorno natural que rodea al municipio. Dentro del conjunto-histórico que se muestra ante nosotros destaca la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción junto a la torre del árelos del Ayuntamiento y el cerro donde se asientan los restos del Castillo de Doña Urraca. Al fondo, los Arribes y Portugal.
Mirador del Terraplén
Desde la Plaza Mayor, tomando la calle del Terraplén llegamos hasta el Mirador del Terraplén. Al estar orientado al oeste nos permite ver los típicos bancales y la parte sur del casco urbano.
Mirador de Las Peñas
Por la calle Corral de Concejo accedemos al Morador de Las Peñas que nos ofrece una amplia panorámica de Fermoselle con la cuesta de El Seco, el Convento de San Francisco, el barrio de Las Eras, con los campos de cultivo y los paisajes de los Arribes del Tormes y el Duero al fondo.
Mirador del Castillo
Desde la Plaza Mayor, tomando la calle Antonio Regojo, también conocida como la Cuesta del Castillo, nos encontramos con un jardín en una explanada que aprovechando los restos que quedan del castillo nos permite ver distintos puntos del río Duero.
Mirador de Los Barrancos
Situado en el casco histórico de Fermoselle, nos ofrece una panorámica diferente de los Arribes y de su entorno más cercano. Desde aquí alcanzamos a ver la plaza de toros y el barrio de Santa Colomba.
Miradores en los alrededores
Mirador de Las Escaleras
De las inmediaciones de la Ermita de Santa Cruz parte el sendero que nos lleva entre almendros y olivos, pasando por las ruinas de una antigua casa de carabineros hasta este fabuloso mirador.
La ermita del Cristo del Pino o ermita de Santa Cruz se encuentra a las afueras de Fermoselle. Se trata de una construcción sencilla de la cual poco se puede decir salvo que es de claro estilo visigótico y mozárabe. Lo más destacado es la descripción gótica que hay sobre la puerta: "Por la señal de la Cruz líbranos de nuestros enemigos." En su interior se venera la imagen del santo Cristo del Pino.
Cuenta la leyenda que en la localidad de Fariza la campana de la primitiva iglesia que había en el lugar además de la imagen del Santo Cristo del Pino fueron arrojadas al río Duero por los invasores árabes. La imagen arrastrada por la corriente del río al llegar a la altura de Fermoselle es vista por un pastor que cuidaba de su rebaño. Enseguida se apresuró a avisar del hallazgo al sacerdote y a algunos vecinos. Tras ser recogida con sumo cuidado fue custodiada en la parroquia del pueblo hasta que fue levantada en su honor la ermita que lleva su nombre
Callejeando por Fermoselle
Dejamos estacionado el vehículo a la entrada de Fermoselle subiendo por una empinada calle cerca de la Plaza de Toros. A cada paso unos palés decorados con llamativos colores nos dan la bienvenida, al tiempo que informan de la dirección en la que se encuentran las tiendas o bares de la zona.
Las rocas incrustadas
Enseguida nos sorprende la arquitectura del lugar condicionada en algunas partes por las peculiares características de un entorno donde abundan las rocas. Estas han sido integradas dentro de las construcciones pues resultaba más sencillo adaptarlas a los espacios que intentar perforar el duro granito y el gneis que aquí se conoce como pizarra.
La mayoría de las casas dispone de bodega propia que han ido formando una red de galerías que recorren el subsuelo de prácticamente la totalidad de la población. A las viviendas se accede a través de puertas de madera de diferentes tamaño y formas y las fachadas apenas muestran elementos decorativos.
El Arco
En busca de la Plaza mayor, pasamos por el Arco, que en su día debió ser la entrada principal al municipio. A su izquierda, dos arcos de medio punto dan paso a una de las casas más viejas de la Villa posiblemente de la época medieval.
Calle de Abajo
Una vez traspasado el Arco, punto de unión entre varias calles, estas confluyen y se condensan en la conocida como Calle de Abajo que va a dar a la Plaza Mayor.
Resulta muy interesante pasear por estas calles de claro trazado medieval. Y es que el interior de Fermoselle destaca por sus quebradas, estrechas y empinadas callejuelas que serpentean entre edificios que han logrado mantener el sabor popular con el paso del tiempo.
El ganchillo en Fermoselle
El color de los adornos de ganchillo realizado por las mujeres del pueblo durante el invierno inunda el lugar.
Primero vistieron su inestimable cabina pública para salvarla de la extinción y decoraron uno de los bancos de la zona para después afanarse durante la estación más fría en sus labores de costura dando rienda suelta a su creatividad. Los aros tejidos con distintas figuras y formas geométricas dan vida y color a la vez que dotan de un atractivo singular las calles del municipio sayagués.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Todavía nos queda por ver, antes de meternos de lleno en la Plaza Mayor, la joya del Románico del lugar, su iglesia parroquial cuyo origen se remonta al siglo XII aunque la torre data del siglo XVI. Esta constituida por cinco cuerpos, destaca por encima del caserío fermosellano.
Objeto de numerosas reconstrucciones ampliaciones a los largo de su historia, se pueden observar en ella distintos elementos propios de las diferentes épocas.
Presenta dos portadas con arcos apuntados: la occidental y la meridional, de estilo transición románico-gótico. Tiene una nave con tres arcos góticos y un portal con nave de crucería.
Plaza Mayor
Ya en la Plaza Mayor, centro neurálgico y monumental del municipio, vemos el Ayuntamiento, y la oficina de turismo, además de algunos locales de restauración.
Como suele ser habitual en la casi totalidad de las plazas mayores de los pueblos, este lugar constituye el centro social de la vida de Fermoselle. Parece ser que durante la celebración de las fiestas de San Agustín, en el mes de agosto, los edificios de su perímetro se convierten en los pilares de la plaza de toros donde terminan los encierros taurinos. Aquí se monta un escenario donde tienen lugar las diferentes actividades conmemorativas como verbenas, bailes tradicionales, concursos, degustaciones gastronómicas, etc.
Una vez concluidos los festejos, la plaza de toros que, desde hace más de cien años, se construye completamente en madera es desmontada y la plaza vuelve a lucir en su estado original.
Rincones de Fermoselle
Seguimos callejeando por esta bonita villa en busca de sus miradores y vamos descubriendo a cada paso rincones irresistibles.
Iglesia de Santa Colomba
En la zona alta de Fermoselle está la Iglesia de Santa Colomba, una construcción típica de estilo románico, con su base en forma de cruz latina y arcos de medio punto. Fue construida en el siglo XII y en ella recibe culto el Cristo del Humilladero, hoy conocido como Bendito Cristo y que fue trasladado aquí, en 1913, definitivamente.
La talla constituye el tesoro artístico de mayor valor de la Villa y, aunque en épocas pasadas se procesionaba en momentos de extrema sequía para implorar a la lluvia, en la actualidad no sale de la iglesia.
Su campanario es una pequeña espadaña de donde cuelga la única campana que tiene el templo.
El convento de San Francisco
Y terminamos nuestro recorrido por Fermoselle en este antiguo convento reconvertido en Centro de Interpretación "Casa del Parque Convento de San Francisco".
Como se encontraba cerrado poco podemos decir al respecto, tuvimos que conformarnos con leer la información de los carteles informativos que había en las proximidades.
Entre las localidades de Pereña de la Ribera y Masueco se encuentra la cascada más famosa del oeste salmantino.
En este tramo, las aguas del río de las Uces, afluente del Duero, se precipitan al vacío en un salto de 50 metros que al llegar al suelo forman una nube de vapor que se eleva como si de humo se tratara.
Miguel de Unamuno y el Pozo de los Humos
El célebre escritor, Miguel de Unamuno, impresionado por el agreste paisaje que descubre cuando visita la cascada del río Uces, dedica al lugar unas bonitas palabras en la obra "Por tierras de Portugal y España".
Haciendo uso de su dominio prosaico describe el espectacular fenómeno que surge la fuerza del agua en su brusca caída, dando nombre a este singular y fascinante espacio arribeño:
"...Es una de las hermosas caídas de agua, esta que puede verse entre aquellos adustos tajos. Divídese la cascada mayor en dos cuerpos, debido al saliente de la roca, y va a perderse en un remanso de donde surge el vapor de agua pulverizada por el golpe, que le ha valido al paraje el nombre de los Humos...¡Los siglos de siglos que habrá necesitado el agua para excavar tales tajos y reducir semejantes cascadas!..."
Cómo llegar
Para ir a esta impresionante cascada podemos elegir cualquiera de las dos opciones que expongo a continuación, e incluso combinar ambas ya que cada una nos ofrece una visión diferente y única de la misma:
Ruta al Pozo de los Humos desde Masueco
Ruta al Pozo de los Humos desde Pereña de la Ribera
Ruta al Pozo de los Humos desde Masueco
Nos dirigimos al pueblo de Masueco donde veremos las indicaciones que conducen a la pista agrícola (en bastante mal estado) que lleva hasta el aparcamiento habilitado muy cerca del inicio de la ruta.
Desde este punto nos separan unos 1200 metros del Pozo de los Humos al que nos iremos acercando por una pista con intervalos de acusado desnivel.
Nos acompañarán en todo momento unas espléndidas vistas del valle y, según vamos avanzando, alcanzamos a ver el río Uces, en su recorrido hacia el Duero.
Comprobaremos cómo las condiciones favorables del clima arribeño, en contraste con la meseta, propician el desarrollo de una flora diferente. Olivos y almendros, cultivos propios del mediterráneo, inundan estas laderas dispuestas en terrazas, al abrigo del valle.
En las inmediaciones del mirador, el ruido del torrente y el alto grado de humedad que provoca la pulverización del agua de la cascada, nos anuncia que ya estamos llegando a nuestro destino.
Ya en el mirador podemos obtener diferentes perspectivas de observación, mientras el efecto humo que provoca la cascada difumina y otorga una luz especial al paisaje.
Frente a nosotros, se encuentran los cortados sobre los que se erige el mirador de Pereña, permitiendo distinguir en la pared rocosa de enfrente, la cueva de Palla Rubia en la que se encuentran unas pinturas rupestres.
Vídeo del Pozo de los Humos desde Masueco
Ruta al Pozo de los Humos desde Pereña de la Ribera
Por esta ruta llegamos al extremo opuesto del cañón donde podremos obtener una visión más completa de la cascada aunque eso sí, en la distancia.
Al igual que hicimos en la ruta anterior, en esta ocasión tenemos que llegar a Pereña de la Ribera y seguir las indicaciones hasta la zona habilitada para estacionar los vehículos.
Habrá que caminar aproximadamente 2 kilómetros para alcanzar el mirador desde el que admirar el Pozo de los Humos en todo su esplendor.
Curiosidades del Pozo de los Humos
🔹La cascada desciende por un impresionante cortado granítico, efectuando una caída de 50 metros.
🔹Un saliente de roca divide el torrente de agua, en su caída, en dos cuerpos o cascadas; una recibe el nombre de Pozo de las Vacas. La leyenda cuenta que en este mismo lugar se despeñó un carro tirado por vacas que transportaba trigo a un molino próximo y de ahí le viene el nombre. Esta cascada discurre por la parte derecha de la cascada del Pozo de los Humos.
🔹La fuerza erosiva del agua, en su vertiginoso descenso hasta el fondo del cañón, ha ido provocando durante miles de años un apreciable desgaste en los salientes de roca de la granítica pared por la que discurre y, por tanto, un descenso del desnivel que ha de salvar la cascada.
Consejos para visitar el Pozo de los Humos
En el panel informativos del inicio de la ruta podemos leer las siguientes recomendaciones:
Seguir los caminos y sendas expresamente habilitados y señalizados.
No acceder con vehículos a motor a zonas no autorizadas a tal efecto.
Respetar las señales y carteles.
No utilizar el agua del río para consumo humano.
Mantener una actitud respetuosa con el medio ambiente, no alterando las condiciones del entorno.
Guardar silencio para no alterar el comportamiento ni las condiciones del hábitat de las especies de fauna debido a nuestra presencia.
Permanecer en el lugar el tiempo justo para permitir el acceso de otras personas. Debemos tener presente que es un enclave natural protegido, no un área recreativa.